Como es la vida de un gamer de esports

Diego Piñero comenzó en el mundo gamer de eSports como cualquier joven adolescente, junto a sus amigos, hasta que estalló el ‘boom’ de jugar online.

Tras varios años en diferentes disciplinas, actualmente es el capitán del equipo de PC del Real Zaragoza en la modalidad 11 contra 11 de eSports.

Un cargo que, a sus 28 años, ostenta con especial orgullo bajo el seudónimo Ponzio, exjugador del conjunto aragonés con el que se siente muy representado.

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Su función va más allá de manejar a un único jugador:

  • Planifica los horarios de los partidos
  • Entrenamientos
  • ficha jugadores
  • gestiona su plantilla
  • la relaciones con los demás

Todo, a través de un servidor de voz al que se conectan los demás compañeros -“algunos ya amigos”- desde sus respectivos hogares.

De domingo a jueves, Diego Piñero tiene todas las noches una cita con su plantilla.

“Los partidos empiezan a las 23.10, pero no vas a entrar frío, tienes que calentar un poco. Por trabajo, es el mejor horario para que podamos estar todos”, justifica.

Sus encuentros se emiten por streaming a través del canal RZeSportsPC.

Ahí se pueden seguir los enfrentamientos de liga, copa y también diferentes competiciones europeas.

“En España hay mucha variedad. Aquí la filosofía es que pierdes dos partidos y el jugador cree que el equipo es muy malo, él muy bueno y se va a otro equipo. Hay mucha figura”, lamenta.

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¿Cómo lo compatibiliza?

 

Cómo es la vida de un gamer de eSports

Diego entiende los eSports como un entretenimiento no exento de sacrificio.

Porque, a pesar de ser una actividad de ocio, dedica cinco días y alrededor de 30 horas cada semana en las que, además de jugar, entrena y gestiona otras cuestiones que rodean al equipo.

Siempre, eso sí, sin descuidar su puesto de trabajo en el ámbito de la logística.

“Es complicado porque los videojuegos no te dan de comer y el horario en el trabajo no te lo puedes cambiar a tu gusto”

Intento ver todos los días a mis amigos, ir al gimnasio y estar con mi novia.

Todo antes de las 22.00, que tengo que volver a casa para conectarme y jugar, alguna vez, mientras ceno.

A las 00.30 o la 1.00 me voy a dormir, hasta que vuelve a sonar el despertador. No es fácil”, afirma.

Y todo este esfuerzo sustentado por su otro gran amor, el Real Zaragoza.

Un sentimiento que Diego adquirió de su abuelo nada más nacer y que todavía hoy le acompaña, también en la realidad virtual.

 

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Isabel Cisneros