El dilema de la comida chatarra cuando los alimentos malos saben bien

¿Por qué los alimentos “malos” saben tan bien? Aunque todos sabemos que nos hace mal muchos no podemos resistirnos a comerla.

Alkan Fouracre de Nueva Zelanda, le pregunto a los “Detectives científicos” de la BBC, esta interrogante, aclarando que se refería a cosas como “salchichas, papas fritas y chocolates”.

Para responder a esta inquietud, Rutherford y Fry, presentadores del programa de radio “Los casos curiosos de Rutherford y Fry”, que se dedica a investigar misterios de la vida diaria enviados por el público. Comenzaron acudiendo al científico de los materiales y amante de la comida Mark Miodownik, quien explicó por qué se nos hace -literalmente- agua la boca cuando vemos estos alimentos poco saludables.

“(Tenemos) papilas gustativas para lo dulce, para lo salado, para lo agrio y para lo amargo, y todas piden a gritos ser encendidas por esta comida”, afirmó Miodownik. “Y (cuando las comes) se encienden. Hay una sinfonía de sabores (en tu boca)”.

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Huele rico

Pero la lengua no es la única culpable de llevarnos por el mal camino nutricional… la primera que nos incita a pecar es nuestra nariz. El olor a cierto tipo de comida hace que nuestro sistema digestivo se encienda y reclame ser alimentado.

Y una vez que la comida está en nuestra boca, también es nuestra nariz la que nos permite sentir toda la sutileza de su sabor. “Son miles de sabores, es algo muy sofisticado”, detalló Miodownik.

El papel que juega el olfato explica por qué muchas de estas comidas -por ejemplo una hamburguesa o el tocino frito- nos resultan irresistibles cuando están calientes, pero ya no nos interesan frías.

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¿Y las gaseosas?

Pero si el calor es un factor importante para explicar la atracción de la comida chatarra, ¿qué pasa con las gaseosas, consideradas unas de las principales culpables del aumento de la obesidad en el mundo? O con el chocolate y las golosinas, que nos cuesta tanto comer en moderación.

Una de las expertas en alimentos más reconocida del mundo, la profesora Linda Bartoshuk de la Universidad de Florida, le explicó al programa por qué los alimentos llenos de azúcar nos atraen tanto.

El combustible para el cerebro es la glucosa, que es dulce, y a lo largo de la evolución nuestros cerebros se han desarrollado de tal forma de hacernos amar lo dulce, porque lo necesitamos“, señaló. Esto explica por qué salimos en busca de alimentos dulces y por qué los disfrutamos tanto.

 

Llenos de receptores

¿Por qué comes para “ocultar” lo que realmente sientes?

Ya hemos visto cómo nuestra lengua, nuestra nariz y nuestro cerebro hacen un complot contra nuestra determinación de comer sano. Pero el desafío no termina ahí.

Nuestro cuerpo tiene varios “receptores de sabor”: no solo están en la boca sino también en el estómago y el tracto gastrointestinal. Y estos receptores también tienen sus “antojos”.

 

El aspecto psicológico

Rutherford y Fry también analizaron el atractivo de la comida poco saludable desde el punto de vista psicológico.

Descubrieron que categorizar a esta comida como “mala” podría, de hecho, hacerla más deseable.Cuando clasificas una comida como mala creas una sensación de culpa de comerlo que lleva a pensar que eso debe ser particularmente placentero y puede hacerlo más difícil de resistir“, opinó Anthony Warner, quien escribe sobre comida bajo el pseudónimo The Angry Chef (el chef enojado).

“Es como poner esa comida sobre un pedestal y convertirla en comida prohibida. Hará que la desees más”, señaló. Según Warner, la gente más culposa suele ser la que tiene menos control sobre lo que come y a la que más le cuesta mejorar sus hábitos alimenticios.

Isabel Cisneros