LinkedIn está muy lejos hoy de ser esa pequeña red de contactos donde todos se conocían para convertirse en un monstruo al servicio de los negocios. Y, como pasa con todos los monstruos, unos los temen, otros los adoran y varios son quienes los odian.

En 2016, Microsoft compraba LinkedIn por la escandalosa suma de más de 26 millones de dólares. Para entonces las cosas ya habían variado mucho y la red acumulaba más de 400 millones de miembros, unos números increíbles, sin embargo lejos aún de los 575 millones actuales, diez de ellos españoles.

Sin embargo, la red no acepta entrar a todos los beneficios de forma gratuita y, para enviar mensajes a individuos que no estén entre tus contactos, tener claridad en las búsquedas de empleo o reclutar candidatos, es imprescindible entrar a beneficios premium.

Estos patrocinios están encontrando además sus detractores: mensajes que aparecen a los visitantes y que son publicidades para apuntarte a un curso o a una escuela de negocios y, por tanto, se consideran como spam la mayor parte de veces, soluciones automáticas que despersonalizan más la experiencia, etc…

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LinkedIn también ha añadido recientemente otras nuevas funcionalidades, como los stories o las soluciones cortas que, pese a no ser de pago, no son del agrado de todos…

El 19 de mayo de 2011 se convirtió en la primera red social estadounidense en poner acciones en la bolsa de valores, con un precio inicial de US$45. La acogida de la red social por parte de los inversionistas fue tal que sus acciones subieron 109%, hasta los 94 dólares y su monto bursátil alcanzó los 8900 millones de dólares en Wall Street.

 

Una tool que puede llegar a saturar

LinkedIn ha ganado detractores que echan de menos su visión inicial, pero, al mismo tiempo, para otro tipo de perfiles, -sobre todo comerciales- se ha transformado en una herramienta muy poderosa.

Los que pagan por tener beneficios premium quieren sacar resultados y, los que se sienten “atacados” por esos beneficios premium, desearían que la red volviera a su estado inicial.

El usuario, ¿es de verdad el centro?

Desde LinkedIn afirman que “la comodidad de nuestros visitantes en la plataforma es una prioridad absoluta y, por lo tanto, les animamos a que nos informen de cualquier contenido inapropiado o desmesurado como spam, estafas, desinformación u otras tareas que no se ajusten a nuestras Professional Community Policies.

Cuando se informa sobre el contenido de otro usuario, no se le notifica quién lo ha hecho, y ya no se razones visualizar el contenido o la conversación sobre la información que has dado en su bandeja de entrada o mensajes.

Lo cierto es que el uso y disfrute de LinkedIn ha ido cambiando con el paso de los años y, junto con todo el abanico de nuevas funcionalidades que ofrece, útiles o no en función del perfil del usuario, su naturaleza se ha ido -para bien y para mal- modificando.

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Isabel Cisneros